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AUTORRETRATO CON DISFRAZ 
"NO SOY CONEJO, SOY CAMALEÓN"

Por: Armando Ruiz Yepes

"Cuando salí de Colombia dejé parte de mi vida; mi familia, amigos, aromas, sabores, paisajes, sonidos... 

En mi maleta solo tenía los recuerdos de una vida vivida intensamente y los sueños e ilusiones de construir desde cero una vida mejor junto a mi musa de chocolate..." 

Migrar es un acto de metamorfosis forzada. 

Hace casi ya veinte años que dejé Colombia, y en el tránsito entre España y mi presente en Alemania, aprendí que sobrevivir en tierras ajenas no es una cuestión de docilidad.

La narrativa tradicional nos pide ser como el conejo: asustadizos, indefensos, listos para huir o ser devorados por el sistema, mimetizados bajo un disfraz de sumisión para encajar en el molde del "migrante ideal".

Pero este lienzo grita otra verdad: No soy un conejo; soy un camaleón. 

El camaleón no se esconde por cobardía; cambia de color para comunicarse, para mimetizarse con el entorno, para evadir las amenazas, para resistir las tensiones, para hibridarse con el contexto y para regular su temperatura ante climas hostiles, generando bienestar interno. 

El camaleón tiene una visión de 360 grados: un ojo puesto en mi presente europeo y el otro firmemente anclado en la realidad de mi patria originaria, en mi Colombia llena entre otras cosas de amor, vida y sonrisas, pues en nuestro diario vivir aprendemos que pese a todas las dificultades y obstáculos, sonreír es el remedio perfecto para continuar soñando.

Mi firmeza no está en el camuflaje: 

Mi firmeza está en mis raíces, en la educación recibida en mi núcleo familiar, en las palabras y refranes que decía mi abuela indígena caucana, en las palabras dulces pero firmes de mi madre, en la coherencia política e ideológica observada en mi hermano mayor reflejadas en caricaturas publicadas en un periódico local de nuestra ciudad, en la sonrisa de mi hermana, en la tenacidad para enfrentar la vida que tenía mi padre.

También en las competencias educativas, conocimientos, habilidades y destrezas desarrolladas en el aprendizaje obtenido, gracias entre otras cosas a la formación recibida en el ámbito pedagógico en la escuela pública Normal de Cali donde empecé a amar la praxis pedagógica, en las competencias artísticas que desarrollé con buenos Maestros en la Universidad del Cauca, como el Artista Ever Astudillo entre otros, en mi asistencia a la formación académica en la Universidad del Valle en Cali, en charlas y conversatorios con José Campo creador de la Fundación Calicomix, en debates sostenidos sobre pedagogía artística con el Maestro Cesar Santafé en el Instituto Popular de Cultura.

A su vez, en los diálogos con mis diversos estudiantes en la Institución CASD, como también la Institución Eustaquio Palacios Sede Central cuando construíamos conjuntamente el proyecto "Arte para la Convivencia" y sobre todo en mis valores PROGRESISTAS; gracias a todo esto y un poco más, logré desarrollar unas garras biológicas que me sostienen de las ramas de la resiliencia mientras el entorno tiembla.

Hoy, mientras contemplo mi país desde la distancia, veo a una Colombia que debate su futuro en una encrucijada electoral decisiva. Observo el peligro de la política del disfraz: líderes que, como conejos, saltan de conveniencia en conveniencia, que se transforman de Ateos a fíeles feligreses, que se proyectan como creyentes impolutos o falsos camaleones que mudan de piel solo para engañar y mantener el statu quo.

Ante el miedo coherencia y dignidad:

Frente al discurso del miedo, el enaltecimiento del odio a la diferencia, el continuismo de la barbarie, el señalamiento de los opositores y la prometida destripación al mejor estilo de ¨Jack¨, el pensamiento progresista nos exige la verdadera adaptabilidad camaleónica: la inteligencia colectiva, la empatía para entender al otro, la paciencia estratégica para construir el cambio y la audacia de lanzar la lengua con precisión quirúrgica hacia la justicia social.

Esta obra es mi carne expuesta, pintada desde la distancia pero habitada desde las entrañas. 

Es el autorretrato de quien ha aprendido a mudar de piel sin negociar los principios, recordándome a mí mismo y sugiriéndole al posible espectador, que la transformación social no se logra huyendo con el miedo del conejo, sino resistiendo con la astuta, digna y evolutiva persistencia del camaleón.

En próximos días, los colombianos dejaremos un legado para la historia de nuestra Nación, basado en una sola decisión al escoger nuestro próximo presidente y su proyecto de acción para los próximos cuatro años; unos decidirán no participar creyendo que está decisión no es con ellos, otros se ubicarán en la cómoda zona neutra, algunos votarán desde la Maldad, otros desde la Estupidez y otros espero yo que seamos la mayoría, basados en la Razón.

 

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