"Entre Salsa y Crucifixiones: El Arte como Evidencia de la Polarización "
Lo que Richie Ray y Bobby Cruz nos enseñan sobre la Colombia actual
Por: Armando Ruiz Yepes
19/06/2026
Nací a finales de 1971 en Santiago de Cali Colombia, maravillosa ciudad conocida popularmente como “la sucursal del cielo”, apelativo asignado durante la histórica celebración de los Juegos Panamericanos en ese mismo año y otorgado popularmente según dicen por la hospitalidad, calidez y civismo de los caleños, permitiendo que las diversas delegaciones y turistas del mundo, percibieran el ambiente como un lugar excepcionalmente acogedor y celestial.
La excelente organización en aquel momento, el entusiasmo desbordado y la simpatía de la gente presente hasta el día de hoy, marcaron un hito en la ciudad.
A nivel cultural, somos alegres, espontáneos, serviciales; en la ciudad se siente el “olor a rumba”, a baile, a salsa, es común levantarse, prender la radio y escuchar salsa durante todo el día, incluso hasta soñamos entre otras cosas con salsa.
Este ritmo musical la “Salsa” está presente en casi todos los momentos de nuestra vida, cuando estudiamos, cuando hacemos aseo en nuestros hogares, mientras cocinamos, en el taxi, en los pequeños micro emprendimientos de los vendedores informales, también en el bus y hasta en la ducha mientras renovamos energía para empezar un nuevo día; y aunque estoy en el extranjero hace casi dos décadas la costumbre de escuchar salsa sigue presente en nuestro hogar, pues mi musa de chocolate también es caleña y salsera.
Hoy la experiencia fue especial
Volví a escuchar con un volumen muy suave, casi inexistente para respetar el descanso del resto de la familia una maravillosa canción de Richie Rey y Bobby Cruz.
A principios de los años 70, esta legendaria dupla de la salsa brava neoyorquina, grabó un tema que, bajo el ropaje de una enérgica descarga musical, esconde una radiografía política atemporal: "Los Fariseos".
Escuchar hoy esa canción y reflexionar sobre el espeso ambiente preelectoral que respira Colombia de cara a las elecciones presidenciales, me provocó un escalofrío inmediato (es imposible en estos momentos de trascendencia histórica no establecer correlaciones con la política y las próximas elecciones presidenciales 2026, con todo lo que escuchamos, vemos y vivenciamos).
En la canción lo que parece una simple narración bíblica sobre el juicio de Jesús de Nazaret se revela, en realidad, como un espejo milimétrico de nuestra propia crisis social, nuestra polarización y, sobre todo, del dilema que enfrenta el ciudadano de a pie en las urnas.
La letra es directa
Describe un escenario de injusticia estructural manipulado, no por el poder extranjero (los romanos), sino por las propias élites locales: "los escribas y fariseos". Son ellos quienes, dueños del discurso y protectores de su propio status quo, agitan a la multitud para salvar a un criminal y condenar a un inocente. "Pedían la sangre justa de Jesús, pedían que se soltase a Barrabás", reza el coro.
En esta lógica, el rival político o la alternativa de cambio no es un simple contradictor democrático; es una amenaza que debe ser crucificada públicamente al igual que la imagen creada por mí y que acompaña este texto; en palabras actuales de uno de los candidatos a la presidencia de Colombia, la amenaza debe de ser destripada.
En el caso de Colombia, la injerencia extranjera si es evidente, nos han contagiado el virus del “enemigo único, del enemigo interno”, aquel ciudadano que piensa progresivamente y merece ser aniquilado.
Nos encontramos atrapados en un péndulo ideológico feroz entre dos corrientes que se niegan el derecho a la existencia mutua. En este ecosistema, la verdad pasa a un segundo plano.
Bobby Cruz nos advierte en la canción: "Mira, cuídate de la levadura que tienen los fariseos"
En términos contemporáneos, esa levadura que todo lo infla y todo lo deforma es la post-verdad, las bodegas de redes sociales y las campañas de desinformación basadas en el miedo. Ambos extremos políticos inoculan diariamente su propia levadura en la mente del electorado, impidiendo un debate técnico o programático racional.
No sé si sentir alegría o tristeza, la verdad es que es la segunda vez que me afecta tan intensamente la polarización social
La primera fue cuando llegue a España como inmigrante reagrupado en plena crisis económica a finales del 2007 al ser “crucificado socialmente” pues en aquella época, los aires del nacionalismo impedían ver con buenos ojos la llegada de extranjeros que éramos vistos como una amenaza contra el fracturado “status quo”, en aquel entonces el lema era “España para los españoles” y como yo llegue a Canarias el lema fue “Canarias para los canarios”.
En esta ocasión en mi país natal como también en el extranjero, la polaridad ha tocado todos los planos sociales, desde los hilos sensibles de las relaciones familiares, hasta la ruptura de amistades consolidadas desde hace ya varias décadas.
He sido catalogado por familiares y “amigos” de intenso, guerrillero, izquierdoso, comunista, insensible, estúpido, e ignorante, incluso he recibido insultos con palabras vulgares en las redes sociales al postear mis opiniones que buscan ejercer un poco de pedagogía social, ya que se observa claramente que muchas personas no tienen un juicio crítico y poseen un analfabetismo cultural e histórico que les impide tener argumentos sólidos para respaldar sus posiciones ideológicas y políticas mediante el dialogo.
Sin embargo, el aspecto más punzante de "Los Fariseos", y nuestra realidad colombiana es que nos obliga a hacer un examen de conciencia más profundo, no es el comportamiento de los líderes, sino el papel del ciudadano común.
La canción nos muestra a una masa teledirigida, una multitud que termina votando en contra de sus propios intereses éticos y colectivos, así mismo sucede en la Colombia actual, muchos votaran por la extrema derecha exclusivamente por llevar la contraria, por su desinterés, o por manipulaciones presentes en la desinformación mediática, también por la apatía de no querer informarse y sobre todo por el esfuerzo desmesurado de lo que implica pensar y reflexionar para muchos.
¿Por qué ocurre esto?
Para muchos ciudadanos frustrados, que creían que el cambio radical en Colombia se podría lograr en tan solo cuatro años de gobierno, a su vez la enorme incapacidad de ver los logros obtenidos ha sido definitivamente decisivo y si juntamos también que el ciudadano no entiende que “el cambio y prosperidad de un país” empieza desde cada uno de nosotros, pues tenemos el coctel perfecto.
La respuesta también está en la misma psicología de masas de la canción. Tras décadas de profunda incertidumbre, inestabilidad institucional, corrupción desmesurada, saqueo de recursos, el discurso del miedo se convierte en la emoción electoral dominante.
La extrema derecha históricamente sabe capitalizar este escenario ofreciendo posibles certezas: mano dura, orden estricto y un refugio en los valores tradicionales, lo hemos visto recientemente en países cercanos.
La promesa de seguridad se vuelve tan urgente que terminan aplicando una especie de "voto castigo". Muchos ciudadanos están dispuestos a tolerar discursos radicales, disculpar los pecados de corrupción de las élites tradicionales o aceptar retrocesos en libertades civiles (es decir, "soltar a Barrabás") bajo la premisa de que cualquier cosa es preferible al caos percibido.
En este fuego cruzado, la moderación o los liderazgos propositivos (el "Justo" de la canción) quedan completamente anulados, devorados por la estridencia de la plaza pública ahora trasladada a las redes sociales.
Richie Ray y Bobby Cruz cierran el tema con una sentencia que debería resonar en cada rincón de Colombia antes de depositar el voto:
"Si al justo no respetaron, cuídate tú, caballero"
Es una advertencia histórica brutal. Cuando una sociedad valida el fanatismo, permite que el odio dirija su voluntad y acepta que las instituciones sean instrumentalizadas por el miedo, el ciudadano de a pie siempre termina siendo la verdadera víctima.
Quienes gritaron en la plaza para salvar a Barrabás regresaron a sus casas bajo el mismo yugo romano y la misma opresión de los fariseos; nada cambió para ellos. Al final, esta joya de la salsa nos recuerda que el voto impulsado por la histeria colectiva rara vez libera al pueblo; casi siempre, solo perpetúa el poder de los mismos que manejan los hilos de la discordia.
Desde mi óptica, continuare siendo coherente con mi ideología y votare desde la razón y conciencia, alejándome del ruido estridente de los “los escribas y fariseos" que se encuentran a mi alrededor, enfocándome en procesos mentales y creativos que me permitan tener un poco de salud mental y que posibiliten en mi entorno inmediato el dialogo mediante la pedagogía social, pues al igual que en 2007 y aunque estuve crucificado, me convertí en el superhéroe de mi realidad.
AUTORRETRATO CON DISFRAZ
"NO SOY CONEJO, SOY CAMALEÓN"
Por: Armando Ruiz Yepes
05/06/2026
"Cuando salí de Colombia dejé parte de mi vida; mi familia, amigos, aromas, sabores, paisajes, sonidos...
En mi maleta solo tenía los recuerdos de una vida vivida intensamente y los sueños e ilusiones de construir desde cero una vida mejor junto a mi musa de chocolate..."
Migrar es un acto de metamorfosis forzada.
Hace casi ya veinte años que dejé Colombia, y en el tránsito entre España y mi presente en Alemania, aprendí que sobrevivir en tierras ajenas no es una cuestión de docilidad.
La narrativa tradicional nos pide ser como el conejo: asustadizos, indefensos, listos para huir o ser devorados por el sistema, mimetizados bajo un disfraz de sumisión para encajar en el molde del "migrante ideal".
Pero este lienzo grita otra verdad: No soy un conejo; soy un camaleón.
El camaleón no se esconde por cobardía; cambia de color para comunicarse, para mimetizarse con el entorno, para evadir las amenazas, para resistir las tensiones, para hibridarse con el contexto y para regular su temperatura ante climas hostiles, generando bienestar interno.
El camaleón tiene una visión de 360 grados: un ojo puesto en mi presente europeo y el otro firmemente anclado en la realidad de mi patria originaria, en mi Colombia llena entre otras cosas de amor, vida y sonrisas, pues en nuestro diario vivir aprendemos que pese a todas las dificultades y obstáculos, sonreír es el remedio perfecto para continuar soñando.
Mi firmeza no está en el camuflaje:
Mi firmeza está en mis raíces, en la educación recibida en mi núcleo familiar, en las palabras y refranes que decía mi abuela indígena caucana, en las palabras dulces pero firmes de mi madre, en la coherencia política e ideológica observada en mi hermano mayor reflejadas en caricaturas publicadas en un periódico local de nuestra ciudad, en la sonrisa de mi hermana, en la tenacidad para enfrentar la vida que tenía mi padre.
También en las competencias educativas, conocimientos, habilidades y destrezas desarrolladas en el aprendizaje obtenido, gracias entre otras cosas a la formación recibida en el ámbito pedagógico en la escuela pública Normal de Cali donde empecé a amar la praxis pedagógica, en las competencias artísticas que desarrollé con buenos Maestros en la Universidad del Cauca, como el Artista Ever Astudillo entre otros, en mi asistencia a la formación académica en la Universidad del Valle en Cali, en charlas y conversatorios con José Campo creador de la Fundación Calicomix, en debates sostenidos sobre pedagogía artística con el Maestro Cesar Santafé en el Instituto Popular de Cultura.
A su vez, en los diálogos con mis diversos estudiantes en la Institución CASD, como también la Institución Eustaquio Palacios Sede Central cuando construíamos conjuntamente el proyecto "Arte para la Convivencia" y sobre todo en mis valores PROGRESISTAS; gracias a todo esto y un poco más, logré desarrollar unas garras biológicas que me sostienen de las ramas de la resiliencia mientras el entorno tiembla.
Hoy, mientras contemplo mi país desde la distancia, veo a una Colombia que debate su futuro en una encrucijada electoral decisiva. Observo el peligro de la política del disfraz: líderes que, como conejos, saltan de conveniencia en conveniencia, que se transforman de Ateos a fíeles feligreses, que se proyectan como creyentes impolutos o falsos camaleones que mudan de piel solo para engañar y mantener el statu quo.
Ante el miedo coherencia y dignidad:
Frente al discurso del miedo, el enaltecimiento del odio a la diferencia, el continuismo de la barbarie, el señalamiento de los opositores y la prometida destripación al mejor estilo de ¨Jack¨, el pensamiento progresista nos exige la verdadera adaptabilidad camaleónica: la inteligencia colectiva, la empatía para entender al otro, la paciencia estratégica para construir el cambio y la audacia de lanzar la lengua con precisión quirúrgica hacia la justicia social.
Esta obra es mi carne expuesta, pintada desde la distancia pero habitada desde las entrañas.
Es el autorretrato de quien ha aprendido a mudar de piel sin negociar los principios, recordándome a mí mismo y sugiriéndole al posible espectador, que la transformación social no se logra huyendo con el miedo del conejo, sino resistiendo con la astuta, digna y evolutiva persistencia del camaleón.
En próximos días, los colombianos dejaremos un legado para la historia de nuestra Nación, basado en una sola decisión al escoger nuestro próximo presidente y su proyecto de acción para los próximos cuatro años; unos decidirán no participar creyendo que está decisión no es con ellos, otros se ubicarán en la cómoda zona neutra, algunos votarán desde la Maldad, otros desde la Estupidez y otros espero yo que seamos la mayoría, basados en la Razón.